Referentes que inspiran

Catorce mujeres, una misma convicción: el talento no tiene género. 

Desde la operación de maquinaria pesada hasta posiciones estratégicas de liderazgo, sus trayectorias reflejan el impulso del talento femenino en roles clave de la industria de la construcción. Con preparación, determinación y visión, amplían oportunidades y consolidan una cultura basada en mérito y desempeño. 

Conoce estas historias de liderazgo femenino, crecimiento profesional y transformación en el sector.

María Iglesias, CFO (Chief Financial Officer)

“Cuando el poder dejó de tener corbata”

Hace 26 años, cuando María Iglesias entró a la industria de la construcción, las salas de directorio tenían una estética clara: trajes oscuros, voces graves y muy pocas mujeres. Hoy es CFO de Holcim Ecuador y parte de la generación que no pidió espacio, sino que lo conquistó con resultados. Su presencia no es simbólica; es estratégica.

Su carrera comenzó en auditoría en España y la llevó a liderar procesos financieros complejos, fusiones empresariales y tres expatriaciones en entornos culturalmente exigentes. Cada nuevo destino implicó empezar de cero y volver a demostrar su capacidad en una industria donde el estándar histórico no tenía rostro femenino.

El gesto más disruptivo no ocurrió en una junta directiva, sino en su hogar: su esposo dejó su carrera para acompañar su crecimiento profesional y asumir el rol principal en la crianza de sus hijos. En una generación donde ese acuerdo era poco habitual, redefinieron juntos las reglas del equilibrio.

Como CFO, vive con la mirada puesta en dos frentes: de un lado, la visión estratégica y el futuro del negocio; del otro, la gestión del riesgo, la incertidumbre y las decisiones que no pueden esperar. Liderar, para ella, es sostener esa tensión con criterio y coherencia personal. Porque cuando el poder deja de tener género, empieza a tener propósito.

Melanie Quiróz, Asistente Administrativa de Ventas

“El tren pasa una sola vez en la vida y tienes que subirte”

Tenía 22 años cuando dejó Portoviejo para asumir una oportunidad en Guayaquil, sin haber terminado aún la universidad. Era su primer trabajo formal, después de tres intentos para ingresar. “Si mi crecimiento personal y profesional depende de dejar mi ciudad, hay que hacerlo”, recuerda. No lo dudó. “El tren pasa una sola vez en la vida y tienes que subirte”. Esa decisión marcó el inicio de su carrera en un sector que no conocía, pero en el que encontró espacio para crecer.

Comenzó como pasante comercial en Manabí y, con el tiempo, asumió el cargo de programadora y despacho, siendo el contacto directo con clientes de hormigón, coordinando pedidos y resolviendo imprevistos operativos. En un entorno mayoritariamente masculino y con equipos de mayor edad, el reto fue ganarse la confianza. “Al inicio fue complicado, pero entendí que la preparación, la comunicación clara y la seguridad eran la clave”. Más que dar órdenes, se convirtió en una aliada estratégica para su equipo.

Su paso por distintas plantas del país y su regreso a Guayaquil como asistente administrativa de ventas reflejan un crecimiento acelerado. No se limitó a la descripción del cargo: asumió responsabilidades adicionales en temas operativos, ambientales y de seguridad industrial. “Siempre doy la milla extra”, dice, una frase que -según sus propios jefes- la ha convertido en alguien en quien confiar para nuevos retos.

Para Melanie, el mayor logro fue atreverse a salir de casa para apostar por su futuro. Hoy, con 27 años, se prepara para asumir posiciones de mayor liderazgo. “Ser mujer en este rol es crecer en cualquier posición y aportar valor real a la organización”. Su meta es clara: seguir formándose para convertirse en jefa y demostrar que el talento, cuando se trabaja con convicción, no tiene límites.

María Isabel Vera Mejía, Líder de Turno en Geocycle

“Ser mujer en este rol es empoderarse”

Desde los 18 años, María Isabel ha trabajado en áreas tradicionalmente ocupadas por hombres. Cuando ingresó hace cuatro años como operadora de despacho, el escenario no fue distinto: en su equipo apenas había dos o tres mujeres y persistía la idea de que ellas no podían realizar trabajos de fuerza o manejar herramientas. “Siempre existía ese estigma”, recuerda. Con el tiempo, ese paradigma se fue desvaneciendo. Dejó de ser vista como una excepción y pasó a ser una compañera en quien podían confiar, incluso para pedir apoyo en labores técnicas.

Con la convicción de que podía dar un paso más, postuló a varias vacantes internas hasta que llegó la oportunidad de convertirse en líder de turno en Geocycle. El cambio no fue sencillo. “Al inicio estaba asustada y frustrada; era como estar en una planta totalmente diferente”. Hoy lidera a cuatro operadores varones y está a cargo del coprocesamiento de residuos, un proceso técnico que la llevó a fortalecer conocimientos en mantenimiento, producción y clasificación de desechos. “Capto rápido las cosas y soy muy empática con mi equipo”, afirma con seguridad.

Más allá del dominio técnico, su mayor logro ha sido consolidar el compañerismo dentro de su turno. “Antes no trabajaban como grupo; ahora somos un equipo de verdad”, dice con orgullo. Este nuevo rol también transformó su dinámica personal: las responsabilidades ya no terminan al cerrar la jornada y su familia ha debido adaptarse a horarios más exigentes. “Todo es un proceso. Vamos a llorar y a frustrarnos, pero llega el momento en que dices: lo logré”.

Si mañana otra mujer ocupa su lugar, desea que encuentre un entorno donde la inclusión sea genuina y el respeto esté garantizado. Su legado, asegura, es demostrar que una mujer puede asumir cualquier desafío. “Ser mujer en este rol es empoderarse”. Y lo resume con una convicción firme: no hay que resistirse a los cambios ni renunciar en el intento, porque cuando se confía en una misma, todo es posible.

Gema Julissa Loor Pin, Operadora de Mixer

“Entre el consultorio y la carretera, elegí no dejar de soñar”

Gema Julissa Loor Pin es odontóloga de profesión, pero su historia no se escribe únicamente entre consultorios y pacientes. Creció viendo a su padre conducir volquetas y soñaba con acompañarlo en la carretera. Mientras estudiaba en la universidad, también trabajaba como trailera, cargando arena y ripio. Logró graduarse, abrió su propio consultorio y ejerció su carrera. Sin embargo, había algo que seguía latiendo con fuerza: el sonido del motor, la ruta, la cabina de un camión. Cuando la llamaron para operar un mixer, lo sintió como una señal. “Dos veces me insistieron. Ahí entendí que era para mí”.

Su ingreso fue tan ágil como su decisión. En cuestión de días dejó su trabajo anterior y asumió un nuevo desafío, convencida de que crecer implica atreverse. Con apenas tres meses en la empresa, hoy recorre Manabí al volante de un mixer, aprendiendo sobre hormigón, tiempos de fraguado y precisión en cada descarga. “Nunca había tocado un mixer. Sentí nervios, pero también emoción”. Desde el laboratorio hasta la obra, ha descubierto que cada detalle importa y que la responsabilidad es tan grande como el vehículo que conduce.

Mide 1,50, pero su determinación es inmensa. Cuando se baja del camión, las miradas la delatan: sorpresa primero, respeto después. “Es una mujer”, susurran. Y sí, lo es. Una mujer que coloca canalones, lava el mixer tras cada jornada y maniobra con seguridad. “Es un trabajo laborioso, incluso para un hombre. Pero sí podemos”. Este nuevo rol también le ha permitido algo invaluable: compartir más tiempo con sus hijos y equilibrar mejor su vida familiar.

Para ella, ser mujer en este espacio es demostrar que una profesión no limita los sueños. Puede ejercer la odontología y conducir un mixer; puede usar bata blanca o casco de seguridad. “Si yo puedo, todas podemos”. Su historia es prueba de que no hay caminos incompatibles cuando la pasión guía las decisiones y el miedo no tiene la última palabra.

Alexandra Figueroa, Operadora de Excavadora y Cargadora

“Aquí demostramos que sí se puede”

Alexandra Figueroa encontró en los equipos pesados un espacio donde se siente plena. “Me siento feliz, liberada, tranquila”, dice con convicción. Desde hace cuatro años forma parte del equipo de Loma Alta, donde opera excavadora y cargadora con licencia tipo G, y se prepara para asumir también la volqueta con licencia tipo E. Estar en cabina, manejar los controles y dominar una máquina de gran tamaño no es solo su trabajo: es lo que más le gusta hacer.

Ser una de las primeras operadoras en la planta Loma Alta marcó un hito en su trayectoria. Forma parte de una operación donde, orgullosamente, hay más mujeres que hombres, algo poco común en la industria. Para Alexandra, trabajar en un equipo diverso no ha sido un desafío, sino algo natural. Ya tenía experiencia previa en entornos mixtos y hoy reafirma que el compañerismo y el respeto son la base del día a día. “Somos un equipo, una familia”, resume.

La maternidad llegó en medio de su desarrollo profesional y, como a muchas mujeres, la enfrentó a miedos. “Al inicio pensé que me quedaría sin trabajo”, recuerda. Sin embargo, la experiencia fue distinta. Durante el embarazo fue reubicada en el área de despacho para resguardar su salud, recibió uniformes adecuados y, tras el nacimiento de su bebé, contó con una sala de lactancia para continuar alimentándolo. Luego regresó a sus equipos y retomó la operación con normalidad. Ese respaldo marcó la diferencia.

Hoy, mientras se capacita para operar nuevos equipos, Alexandra reafirma que no hay límites cuando existe apoyo y determinación. En Loma Alta, dice con orgullo, “somos más mujeres que hombres y nos apoyamos mutuamente”. Su historia no solo habla de máquinas y licencias, sino de confianza, oportunidades y de la certeza de que las mujeres pueden ocupar y liderar espacios que antes parecían inalcanzables.

Annie Espinoza, Técnico de Control Central – Planta Guayaquil

“A los 25, estoy en el corazón de la operación”

Annie Espinoza tiene 25 años y ya ocupa uno de los roles más estratégicos de la planta: el control central. Antes trabajó en la industria de alimentos, coordinando producción, pero decidió cambiar de sector y asumir un reto mayor. Desde el proceso de selección sintió que estaba frente a una oportunidad distinta. “Me emocioné bastante”, recuerda. Aunque al inicio se cuestionó si este nuevo mundo industrial era para ella, eligió confiar en su capacidad de adaptación.

Hoy trabaja en un espacio que pocos imaginan cuando piensan en construcción: una sala automatizada desde donde se monitorean equipos, indicadores y procesos en tiempo real. Es, literalmente, el corazón operativo de la planta. Adaptarse a nuevas tecnologías, comprender sistemas complejos y coordinar con equipos en campo fue su mayor desafío. Pero también su mayor impulso. Entender cada variable se convirtió en una meta personal.

Su logro no se mide en títulos, sino en dominio técnico. Annie ha logrado comprender casi todas las operaciones de su línea y continúa aprendiendo con cada nuevo proceso que se implementa. Sueña con dejar huella a través de una mejora significativa, un cambio que optimice la operación y demuestre que la innovación también puede tener rostro joven y femenino.

En un entorno donde aún hay pocas mujeres en este tipo de posiciones, Annie no habla de barreras, sino de respaldo. “Siempre hay soporte para lograr nuestros objetivos”, afirma. Vive la diversidad en el trabajo en equipo y lo resume con una frase que la define: “Ser mujer en este rol es dar el detalle suficiente para que las cosas sucedan”. A los 25, ya entendió que el liderazgo también se ejerce desde la precisión.

Belén Jara, Planificadora de Mantenimiento – Áreas 300 y 400

“Romper estereotipos también es parte del plan”

Belén Jara tiene 27 años y hace cuatro meses asumió la planificación de mantenimiento de las áreas 300 y 400. Antes fue coordinadora de mantenimiento mecánico en el sector metalmecánico, pero decidió dar el salto a una operación de mayor magnitud. El mayor reto no fue técnico, fue mental. “La principal barrera que rompí fueron los estereotipos”, afirma. Dejar de dudar de su capacidad fue el primer paso para asumir un rol estratégico.

Su trabajo consiste en convertir la planificación en resultados concretos. Organiza recursos, alinea tiempos y articula la sinergia entre lo que la planta necesita y lo que el equipo de mantenimiento ejecuta. Es el puente entre la teoría y la operación real. Para desempeñarse en este cargo fortaleció dos cualidades clave: temple para tomar decisiones firmes y organización para estructurar cada actividad con precisión.

Belén sueña con desarrollarse como planner a nivel internacional y continuar certificándose. A otras mujeres les aconseja no dejarse limitar por comentarios que encasillan la ingeniería o el trabajo en planta. “Que le den con todo el entusiasmo”, dice convencida. Porque, como lo resume, ser mujer en este rol es enfrentar desafíos técnicos con liderazgo y determinación.

Melanie Merchán, Supervisora de Distribución RMX:

“Liderar bajo presión también es territorio femenino”

Antes de ingresar a Holcim, Melanie ya lideraba equipos de hasta 100 personas como jefa de obra en el sector de la construcción. Con experiencia en contratistas y urbanizaciones, conocía el ritmo de la obra, pero no el mundo operativo de la distribución: logística, despacho, seguridad y gestión bajo presión constante. Asumir el rol implicó romper una creencia instalada en la industria: que la operación pesada y dinámica “es cosa de hombres”. Para ella, fue claro desde el inicio: “Si acepto el reto, es para demostrar que sí puedo”.

Su mayor desafío llegó en Planta San Eduardo y, luego, en el proyecto Acciona, una de las obras más exigentes que ha gestionado. Jornadas nocturnas de hasta 22 horas, más de 60.000 m³ despachados, estándares internacionales de seguridad y equipos complejos de liderar marcaron su crecimiento profesional. “Sentí miedo, pero no de fallar, sino de enfrentar algo nuevo. Y decidí hacerlo igual”, recuerda. En un entorno tradicionalmente masculino, aprendió primero a integrarse y luego a liderar con firmeza, empatía y carácter.

En paralelo, cursó y culminó su maestría en gestión de proyectos, mientras sostenía la presión operativa diaria. Hubo momentos de agotamiento y hasta una pausa médica obligada, pero nunca dejó que eso definiera sus límites. “Lo que fortalecí en mí fue no limitarme. Si sé que puedo hacerlo, lo intento”, afirma. Hoy también se ha propuesto dominar el inglés como siguiente meta profesional.

Para Melanie, ser mujer en este rol es enfrentar desafíos con determinación y convertir cada obstáculo en una oportunidad para abrir camino a otras. Su legado no se mide solo en indicadores, sino en el respeto ganado, en los equipos que aprendieron a confiar en su liderazgo y en la huella humana que deja en cada proyecto. “Romper estereotipos no es un discurso, es una decisión diaria”.

Katherine Sánchez, operadora de volqueta

“Al volante del cambio”

Antes de llegar a la industria de la construcción, Katherine Sánchez trabajaba como mercaderista en una empresa de consumo masivo. Conocía de ventas, mercado y clientes. Pero cuando se abrió la oportunidad de formar parte del proyecto “Mujeres al Volante”, entendió que podía hacer algo más grande: romper un estereotipo arraigado y demostrar que el talento no tiene género.

Hoy es operadora de volqueta en una planta de agregados. Transporta material hacia la planta de procesamiento, maneja equipos pesados, apoya en producción primaria y secundaria, participa en mantenimientos y brinda soporte en procesos de voladura, siempre bajo estrictas certificaciones. En poco más de un año no solo aprendió a operar maquinaria; aprendió a sostener decisiones en entornos de alta exigencia y responsabilidad.

El mayor reto no fue técnico. Fue enfrentar prejuicios silenciosos, dudas ajenas y comentarios que ponían a prueba su convicción. Hubo miedo, sí, pero lo interpretó como una señal de crecimiento. Decidió no endurecerse para encajar ni renunciar a su esencia para ser aceptada. Demostró que se puede liderar desde la disciplina, la concentración y la humanidad al mismo tiempo.

Para Katherine, cada jornada tiene un propósito claro: hacer el trabajo correctamente y volver a casa segura. Su mayor logro no es solo operar maquinaria pesada; es que sus hijos crezcan viendo que es posible vivir con valentía y autenticidad. Porque ser mujer en este rol es atreverse a cruzar límites y dejar el camino más abierto para las que vienen detrás.

Fabiola Vera, franquiciada Disensa

“Vendí mi casa para construir mi futuro”

Antes de convertirse en franquiciada Disensa, Fabiola Vera ya tenía experiencia en el sector ferretero. Conocía el negocio desde dentro y entendía su potencial, pero veía el modelo de franquicia como una meta ambiciosa. A pesar de las dudas y de quienes consideraban que era un reto difícil de alcanzar, decidió postular y asumir el desafío. La oportunidad llegó con su primer local en Posorja, marcando el inicio de una nueva etapa empresarial.

El punto de quiebre fue una decisión radical: invertir su patrimonio para impulsar el negocio. En un contexto complejo tras la pandemia, eligió apostar por el crecimiento en lugar de paralizarse por la incertidumbre. Esa determinación no sólo permitió consolidar la primera franquicia, sino expandirse hasta liderar cinco puntos de venta.

Hoy gestiona su operación con enfoque estratégico, supervisión constante y compromiso con los estándares de la marca. Ha fortalecido su carácter y su capacidad de decisión, asumiendo con firmeza el liderazgo de su empresa y convirtiéndose en el motor de su crecimiento sostenido.

Para Fabiola, ser mujer en este rol es actuar con fortaleza, inteligencia y visión de futuro. Su historia demuestra que el crecimiento empresarial no depende únicamente de las circunstancias, sino de la decisión de asumir riesgos con convicción y transformar una oportunidad en una realidad sólida.

Marjorie Suárez, operadora de mixer

“Con carácter al volante”

Antes de ingresar a la industria de la construcción, Marjorie Suárez realizaba servicios de transporte de manera independiente. Había conducido camiones de cinco toneladas, pero nunca imaginó que estaría al mando de un mixer. Cuando asumió el reto, no solo aceptó un nuevo trabajo: decidió demostrar que también podía conducir equipos de alta responsabilidad en un entorno exigente.

Hoy es operadora de mixer y tiene ocho meses en el cargo. Su labor consiste en transportar el hormigón con eficiencia y puntualidad, cumplir con la dosificación adecuada y garantizar el correcto funcionamiento de la unidad. Cada jornada implica concentración, revisión técnica del equipo y compromiso absoluto con la entrega segura a cada cliente.

El mayor desafío fue empezar desde cero: aprender la operación específica del mixer, dominar los procesos y fortalecer su carácter para ganarse su espacio. Hubo dudas, pero también determinación. Con el apoyo de su familia y su propia disciplina, convirtió el reto en una oportunidad para crecer y probarse a sí misma que era capaz.

Hoy su mayor logro es mirarse y reconocer todo lo que ha avanzado. Sus hijos la ven conducir un mixer y entienden que los límites se superan con esfuerzo. Para Marjorie, ser mujer en este rol es tener carácter y fuerza de voluntad para demostrar que todas pueden. Y ella lo hace cada día, al volante.

Tamara Albán, Técnico Planificador Mecánico

“Liderar con criterio técnico”

Antes de llegar a la industria de la construcción, Tamara Albán trabajaba en el sector alimenticio, en una planta de producción de chocolates. Cuando se presentó la oportunidad de asumir el rol de Técnico Planificador Mecánico en Holcim, no lo vio como un sacrificio, sino como el siguiente paso lógico dentro de su meta profesional. Ya había sido planificadora de mantenimiento; sabía lo que hacía y estaba lista para un desafío mayor.

El cambio implicó enfrentarse a una operación de una escala completamente distinta: equipos más grandes, procesos más complejos y estándares de seguridad con mayores niveles de exigencia. Adaptarse a la magnitud de la planta y responder con agilidad en un entorno de alta presión fue uno de sus principales retos. La gestión rápida y efectiva se convirtió en su diferencial.

Con ocho años de carrera profesional, ha fortalecido su carácter y su inteligencia emocional para sostener decisiones técnicas con seguridad. Uno de sus mayores logros ha sido obtener la certificación internacional como planificadora dentro del grupo Holcim, un proceso que demandó más de un año de preparación y que consolidó su posición como referente técnico.

Hoy tiene claro su siguiente objetivo: asumir una coordinación. Y si algo valora del presente es que las opiniones técnicas de las mujeres ya no necesitan validación externa para ser respetadas. Para Tamara, ser mujer en este rol es liderar con seguridad, criterio y conocimiento. Un legado que busca dejar claro: la ingeniería también se ejerce con voz femenina y autoridad propia.

Nashley Yange, Operadora Líder del Departamento de Despacho

“Las diferencias también son fortalezas en la industria”

A los 25 años, Nashley ingresó a Holcim como pasante en el área de mantenimiento. Tres años después, lidera el departamento de despacho, con ocho personas a su cargo y la responsabilidad operativa de cuatro líneas de envasado, además del despacho de cemento a granel. Postuló al cargo cuando aún cursaba su último semestre de Ingeniería Mecánica y asumió el desafío con horarios rotativos, combinando estudio y trabajo hasta graduarse.

El cambio implicó pasar de un entorno amplio y técnico como mantenimiento a una operación donde la producción, la toma de decisiones y la gestión de personas son constantes. Hoy supervisa el control operativo de las líneas hasta su destino final: el cliente. Su rol exige precisión técnica, criterio ingenieril y liderazgo efectivo para garantizar que cada proceso se ejecute con seguridad y eficiencia.

Uno de sus mayores retos fue asumir la responsabilidad total en turnos donde es la máxima autoridad del área. Aprendió a no dar nada por sentado, a profundizar en el fundamento técnico de cada procedimiento y a liderar desde el respeto. Para ella, la operación no depende únicamente de equipos al 100%, sino de personas comprometidas y alineadas con los objetivos comunes.

Originaria de la provincia de El Oro, Nashley dejó su entorno familiar para formarse y crecer profesionalmente en Guayaquil. Hoy busca ser un referente para otras jóvenes que consideran la ingeniería y la industria como caminos posibles. Está convencida de que las diferencias no son una barrera, sino una fortaleza que enriquece el liderazgo y transforma los equipos de trabajo.

María Iglesias, CFO (Chief Financial Officer)

“Cuando el poder dejó de tener corbata”

Hace 26 años, cuando María Iglesias entró a la industria de la construcción, las salas de directorio tenían una estética clara: trajes oscuros, voces graves y muy pocas mujeres. Hoy es CFO de Holcim Ecuador y parte de la generación que no pidió espacio, sino que lo conquistó con resultados. Su presencia no es simbólica; es estratégica.

Su carrera comenzó en auditoría en España y la llevó a liderar procesos financieros complejos, fusiones empresariales y tres expatriaciones en entornos culturalmente exigentes. Cada nuevo destino implicó empezar de cero y volver a demostrar su capacidad en una industria donde el estándar histórico no tenía rostro femenino.

El gesto más disruptivo no ocurrió en una junta directiva, sino en su hogar: su esposo dejó su carrera para acompañar su crecimiento profesional y asumir el rol principal en la crianza de sus hijos. En una generación donde ese acuerdo era poco habitual, redefinieron juntos las reglas del equilibrio.

Como CFO, vive con la mirada puesta en dos frentes: de un lado, la visión estratégica y el futuro del negocio; del otro, la gestión del riesgo, la incertidumbre y las decisiones que no pueden esperar. Liderar, para ella, es sostener esa tensión con criterio y coherencia personal. Porque cuando el poder deja de tener género, empieza a tener propósito.